Archive for the ‘Viajes’ category

Viaje a México (IV de IV)

21 mayo 2016

Tras el fin de semana de aventura, el resto de días estuvimos trabajando con normalidad y todo fue bastante bien; tuve la suerte de conocer a personal de Sistemas, entre ellos a Ariadna, una chica con la que compartía apellido y que era súper fan de las nuevas tecnologías.

Finalmente, llegué al hotel donde programamos mi vuelta al aeropuerto para mi regreso a España, me despedí de el gran Francisco y de los compañeros de la Office, y comencé el viaje de vuelta.

Hasta Madrid todo fue bien, el largo vuelo no me afecto y al llegar a la ciudad española, me tocó esperar unas horas hasta mi salida hacía Sevilla. Llegó la hora del último vuelo, me subí y mi estómago me devolvió lo que le hice pasar con los grillos y huevos de hormigas… siendo uno de los peores vuelos de mi vida. : )

Lllegué tranquilo, recogí mi coche, y a diferencia de lo habitual, escogí la carpeta de Rock y mientras escuchaba AC/DC (Back in Black), partí de vuelta a casa.

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Viaje a México (III de IV)

20 mayo 2016

Me desperté bastante temprano, además de por el cambio horario porque mi sentido de la responsabilidad estaba en su máximo nivel, ya que Francisco y Betsabé habían sacrificado su fin de semana para llevarme a ver las pirámides de Teotihuacan y no quería hacerles perder ni un solo minuto; así que dejé todo lo relacionado con el trabajo listo y revisado y me preparé para la visita.

Me recogieron a la hora prevista en la puerta del hotel y salimos en coche rumbo a las pirámides.

Tardamos unos 40 minutos en llegar, aunque si hubiese sido un día laborable hubiésemos tardado horas… debido a que pasamos por una zona que se “atasca” con frecuencia.

Al llegar nos encontramos con muchas pequeñas tiendas donde tenían de todo, desde camisetas hasta artículos hechos a mano o ejemplares de obsidiana (conocido también como vidrio volcánico) de Jaguares muy bien hechos.

Dejamos todo esto atrás y caminamos unos 200 metros hasta llegar a la primera de las dos grandes pirámides que dan sentido a aquel fantástico lugar y que podíamos divisar desde lejos, “La pirámide del Sol” que con sus 63 metros de altura es la construcción más grande del lugar. Subimos hasta la cima, escuchamos la historia aprovechando que teníamos un guía cerca y al poco tiempo bajamos para a través de la calzada de los muertos llegar hasta la pirámide de la luna.

Subimos a “la luna”, aunque desgraciadamente no pudimos llegar hasta la parte más alta, pues se encontraba cortado el paso; pero fue suficiente para poder disfrutar de una vista sin parangón y desde donde vimos Ciudadela de Teotihuacán y Pirámide de la Serpiente Emplumada.

Al bajar de las pirámides nos encontramos a vendedores ambulantes donde he de confesar que me divertí mucho con las negociaciones, y donde al final nos hicieron un buen precio; aunque como diría Eugenio… aun así creo que nos han engañado; jeje.

Después de adquirir los recuerdos, la pareja me llevo a “La Cueva de Teotihuacan”, que consistía en una cueva acondicionada hacía mucho tiempo como restaurante con comidas de la época y donde probaría “manjares” del lugar.

Accedimos a la cueva y a pesar de calor que hacía fuera, he de confesar que pasé muuucho frío, pero estábamos lejos del coche y bueno, no procedía regresar, así que aguanté la temperatura como pude.

Francisco y Betsabé cometieron el error de dejarme ver la carta, y predije el futuro… jejej…iban a pedir Escamoles y Chapulines, que se traducen en huevos de hormigas calientes y grillos tostados. He de reconocer que al llegar los platos tuve un sentimiento de rechazo a la comida curioso, pero tras concienciarme lo comí sin dudarlo y me di cuenta de dos cosas, que todo lo que sea frito o crujiente me lo puedo comer sin más, pero todo lo que tenga textura similar a la mantequilla y más aún caliente… bueno, ya os podéis imaginar. Aun así, me lo comí, y tras el episodio de la comida tradicional, pedimos un buen plato de carne, que me supo a gloria bendita.

Tras la comida, tuvimos la suerte de ver bailes tradicionales de diferentes zonas de Mexico, y después regresamos a DF para visitar la Basílica de Guadalupe, la cual me impactó por su tamaño y el terreno habilitado a sus alrededores para acoger a los visitantes.

Terminamos la visita, le compré una medallita a mi madre y a mi abuela y regresé a las 18:00 al hotel para descansar bien, pues al día siguiente tenía trabajo y debía llegar con las pilas cargadas.

Viaje a México (II de IV)

11 abril 2016

El trayecto desde el aeropuerto hasta Ciudad de México fue un poco fatigoso, aunque en mi tierra estábamos en invierno, en Centroamérica era verano y venía con tres mangas … con las prisas no asumí la temperatura que hacía y cuando me di cuenta, una gota de sudor recorría mi frente tal y como una corriente de agua baja la montaña escapando a cualquier control tras una lluvia torrencial… y fue el detonante pero, estábamos llegando ya, así que aguanté todo lo que pude y allí estábamos, en el hotel Novit, en medio de la calle más larga de la ciudad, “Insurgentes”.

Me despedí del buen hombre que me aconsejó sobre seguridad, robos, comidas e incluso me contó algunas anécdotas vividas; un buen tipo.

Llegué al hotel exhausto, entre los cambios horarios y sobre todo de temperatura, pero una buena ducha me dejo casi nuevo. Al tiempo recibía un mensaje de mi compañero Eugenio Ruiz, Ingeniero malagueño especializado en Acústica y que estaba preparándolo todo para “migrar” a la ciudad. Él estaba con otro compañero de la empresa, Francisco Fragoso y junto a su pareja, los tres vendrían a por mí, y juntos cenaríamos.

El mensaje de Eugenio me sorprendió para bien porque me avisaba de que si nos daba tiempo, la intención era llevarme a México Arena y poder ver la lucha en directo; por supuesto, no pude decir que no a tal propuesta y poco después llegaron al hotel.

Nos encontramos en la entrada del hotel, saludé a Eugenio y me presente a Francisco y Betsabé, los cuales fueron muy amables y educados. Comimos en el hotel porque se nos había hecho tarde y partimos hacía el “westling”.

Tras muchas vueltas con el coche logramos aparcar en una especie de “cochera” sin techo con el suelo de tierra y muy desnivelada, y apenas anduvimos 100 metros hasta el recinto.

Las voces se oían desde lejos y daba la sensación de que sería un sitio peligroso y sombrío, pero lo cierto es que resultó ser todo lo contrario y me llamó mucho la atención, porque había un ambiente familiar, donde los jóvenes gritaban a su favorito y el olor a “ganchitos” proyectaba por toda la inmensa sala; sí, se podría decir que era un plan perfecto para un sábado noche de todas las edades.

Se notaba a leguas que la lucha estaba preparada, pero era tan divertido y tan sonoros los golpes que allí se daban que me divertí mucho y el tiempo pasó muy rápido. Cuando acabaron todos los combates, y tras un gran aplauso, salimos del edificio, compramos un par de mascarás de los personajes más famosos, y nos fuimos a descansar.

Viaje a México (I de IV)

5 abril 2016

No todos los días se tiene la oportunidad de viajar a Ciudad de México; antiguamente conocida como México DF (Distrito Federal) y capital federal de los Estados Unidos Mexicanos.

En mi caso, surgió cierta necesidad en el trabajo y aprovechamos mi visita a Bogotá para ver a los compañeros de México, aprovechando que estaba “cerca”…

Llevaba cinco días viajando por América Latina, adaptado ya al horario de Colombia; había tenido la suerte de compartir un almuerzo con mi nuevo compañero de sistemas e incluso de tomarme algo en un hotel desde donde me permitían ver gran parte de la ciudad, en el último piso. Si, la verdad es que podía decir que tanto lo profesional como lo personal había ido genial, me sentía bien.

Volviendo a lo que decía…llevaba cinco días de viaje, cambios horarios, comidas y demás trastornos menores en el cuerpo, y ya había llegado la hora de volar a México. Así pues, Edilson, el chofer de confianza me recogió una vez más en la puerta del hotel Cosmos 100 a las 6:00 AM y nos dirigimos al aeropuerto del Dorado, curiosamente en el único intervalo de tiempo donde el tráfico en Bogota es fluido y escaso.

Llegamos al aeropuerto donde pude hacer el check-in (previamente con la maleta cubierta de plástico protector) y donde una hora después estaría esperando la llegada del vuelo. Aproveché para hacer alguna compra; lo típico, café de Juan Valdez y algún que otro detalle para mi familia y poco más tarde el avión partió hacia México.

Seis horas después llegaba a la ciudad del chili, el aterrizaje fue perfecto y la salida del avión mejor aún (muy bien por parte de la aerolínea Panameña Copa Airlines) , pero eso sí, la entrada es brutalmente lenta y te miran de arriba abajo en cada esquina… tarde como hora y media en conseguir pasar todos los controles y teniendo en cuenta que me habían abierto la maleta, me habían quitado el plástico protector y como no, al ver que viajaba con una maleta de Agatha Ruiz de la Prada, me volvieron a inspeccionar en el último control. Al final, terminé hablando de fútbol con los chicos del control que amablemente me dejaron pasar.

Una vez salí, debía encontrar al señor Rivas, que era la persona que me llevaría al hotel y por más que busqué no conseguía ver a esta persona; aunque claro, sabiendo que el pobre llevaría dos horas de más esperando y sin almorzar…debería estar cansado cuanto menos… Al final anduve un poco por el aeropuerto y lo encontré con un cartelito donde podría leer mi nombre el cual me hizo sentirme hasta importante. : )

Recogió su coche del parking y nos pusimos rumbo al centro de la ciudad…

Adventure Time: Polonia (IV de V)

2 diciembre 2014

Con cierto cansancio ya acumulado nos levantamos y nos aseamos, la temperatura en el exterior era de unos nueve grados centígrados, aunque como de costumbre, las correctamente diseñadas habitaciones de aquellos edificios mantenían una temperatura excelente.

Nos dirigimos hacia el aeropuerto, pues un fabuloso KIA PICANTO de gasolina nos esperaba en la zona de alquiler de coches y había que darse prisa, porque además, nos esperaba un largo trayecto hacia el pueblo donde vivía la chica de Alex.

Cuando Alex me dijo que iríamos al pueblo de su chica, tengo que decidir que mis expectativas de diversión tendían a cero, pero lejos de mis expectativas, resultó ser el día más interesante.

Después de unos cuarenta minutos llegamos al aeropuerto, recogimos las llaves y fuimos a la planta quinta del parking a recoger el “Bólido”. Nos fijamos en todos los desperfectos para no tener problemas más tarde, configuramos Google Maps en el teléfono de Alex a modo de GPS y sintonizamos una cadena de radio Polaca donde emitían los últimos éxitos Pop.

Comenzamos a rodar y aunque parecía que iba a llover, no cayó ni una sola gota… pero las nubes propias de Cracovia nos acompañaron casi todo el camino. El ir de copiloto me permitió observar detalladamente el maravilloso paisaje que me recordaba a Alicia en el País de la Maravillas; unos verdes muy verdes como si tuviesen el “contraste y el brillo” al máximo acompañado del rocío de la mañana que le otorgaba una elegancia hermosa.

Atravesamos pueblos y ciudades mientras hacíamos los casi doscientos kilómetros hasta llegar a nuestro destino y salvo una pequeña carretera secundaria que se encontraba en obras (los siete kilómetros más largos de la ida), todo fue bien; llegando a las 10:00 a la casa de los padres de Ewelina, en Kobylany.

El recibimiento fue muy agradable, aparcamos en una zona que se encontraba en la entrada de la casa y que pertenecía a la misma, rodeada con un pequeño columpio, un huerto y un límite que acotaba la propiedad con los vecinos. Subimos los peldaños de madera y como la tradición marcaba, nos quitamos los zapatos en la entrada y pasamos pisando suavemente el cálido suelo de madera. Allí nos recibió Ewelina y su madre.

Ewelina era una joven muy educada y bien formada, hablaba Polaco, Inglés, Español y Alemán; de carácter muy amigable y cuidando las formas y los detalles… un encanto de persona. Ella había estado preparando el día anterior dos pasteles para nosotros con chocolate y nueces; y fue nuestro desayuno!

Tuvimos tiempo de conocernos todos un poco mientras esperábamos que se preparase Karolina, la amiga de Ewelina que nos acompañaría. Nos avisó por Whatsapp y tras subir la cuesta con más inclinación de mi vida llegamos a su casa, la recogimos y nuestro KIA Picanto se puso de nuevo en marcha.

Karolina era una chica ultra divertida y feliz, muy bromista con sus amigos y muy aplicada; al igual que Ewelina, dominaba varios idiomas aunque el mejor era el alemán sin duda; idioma en el que se había especializado. Su apariencia me recordaba a una chica inglesa tanto por su rostro, color de piel, o su cabello. Tenía los labios muy sonrojados y perfectamente definidos, pero a diferencia de las referencias inglesas que tengo, su rostro carecía de imperfecciones, y por tanto era mucho más puro.

 

Ewelina había estado pensando en distintos lugar que podrían resultar interesantes para nosotros y nos propuso un plan al que no pudimos decirlo que no. El principio del trayecto fue algo más raro; las chicas hablaban en polaco y nosotros en español hasta que dijimos basta! A hablar todos en el mismo idioma!… y todos continuamos hablando inglés.

El primer destino fue un pequeño pueblo a unos veinte minutos de donde vivían las chicas, allí visitamos un museo de arte moderno y un pequeño castillo conocido como Muzeum Historyczne w Sanoku. Después, Karolina nos contó unas historias sobre brujas y sobre unas estatuas de un señor donde nos sentámos y con los ojos cerrados pedíamos un deseo. Además, viendo que el hambre nos podía, fuimos a un restaurante cercano del propio pueblo donde comimos una excelente comida típica con un vino caliente muy parecido a la sangría y con muchas especial…muy típico en la zona para los dolores de garganta y el frío en general.

Con el estómago lleno, regresamos al coche y nos dirigimos a la mayor presa y lago del lugar. Al llegar atravesamos un mercadillo muy tradicional donde había numerosos artilugios de madera, elemento que se trabaja allí mucho, y pudimos ver tras él como la grandiosa madre naturaleza había dotado a aquel Valle de aquello que parecía casi un mar; ya que costaba ver el final…aunque más tarde Ewelina me confesó que la historia de aquel lugar era muy triste, pues hubo que destrozar muchos pueblos para poder hacer aquel inmenso contenedor de agua.

Después de pasar embobado casi quince minutos observando tierra, mar y aire, atravesamos la enorme presa andando y llegamos a una zona rústica donde sólo había pequeños restaurantes y bares. Pasamos al bar y nos tomamos un té, pues eran casi las cinco y a pesar de ser una tradición muy inglesa, apetecía bastante.

Pagamos la cuenta y regresamos, pero antes de “devolver” a las chicas a su pueblo, hicimos una parada en Krosno, una ciudad muy bonita pero que sólo pudimos ver de noche. Plazas, torres y una cerveza también caliente fueron algunas de las cosas que se quedaron en mi memoria de aquel lugar. Ahora sí, era la hora de volver.

Otra vez pasamos unos veinte minutos en el coche y por fin llegamos a Kobylany de nuevo. En la casa de Ewelina todos dormían y entramos con mucho cuidado sin hacer ruido. Ewelina nos preparó una sopa típica en Polonia y una compota de fruta que me dio vida. La cena, a pesar que no podíamos hacer mucho ruido fue genial, nos reímos mucho sobre todo con Alex, que confieso que era el alma de la fiesta, y tuve una sensación impresionante, tal y como si estuviera en casa de un familiar en una noche fría de invierno absorbiendo el calor del radioador y el amor de la familia. Fue un momento muy gratificante y un trato excepcional.

Eran más de las once y debíamos partir… nos enfrentábamos a 200 kilómetros en un entorno desconocido al menos para mí y me preocupaba mucho. Nos despedimos de Ewelina y le di las gracias por todo; llevamos a Karolina a casa de su hermano y comenzamos el camino de vuelta a Cracovia.

Pero además del cansancio, la distancia, lo desconocido… hubo otro factor que si que me puso los pelos de punta… una niebla que no nos permitía ver más allá de dos metros por delante de nuestro pequeño Picanto…terrible!

Le dije que Alex que en este tipo de situaciones primaba la paciencia y que no se preocupase por el tiempo. Así que, comenzamos el viaje a 60 km/h… Comenzamos tranquilos y hablando mucho de la próxima entrevista que le esperaba y de cosas que no puedo revelar aquí! , y pasada una media hora tuvimos que parar a repostar.

Detuvimos el coche en una gasolinera y entramos en la tienda; Alex se entendió con la persona que había allí en perfecto polaco y mientras, yo me dedique a escoger chucherías para mantener el nivel de azúcar alto durante el camino. Cuando yo estaba hacía esto, dos chicos con una vestimenta un tanto extraña y con un olor más extraño aún no dejaban de mirarnos y de comentar… yo no les presté atención y hablé con Alex en español todo el tiempo, pagamos, repostamos y nos fuimos finalmente sin problemas.

La próxima media hora fue muy bien, muy muy lenta pero bien, nos comimos dos paquetes de unos 250 gramos de golosinas y tras esto empecé a flaquear… y fue entonces cuando, sin comprenderlo, en medio de ninguna parte se nos cruzó un hombre por la carretera…Dios! De noche, en una carretera secundaria recta con altos y frondosos árboles a ambos lados, una niebla super espesa, una oscuridad sin precedentes… pero yo no me alteré por el hombre, lo peor es que me había quedado dormido y fue el grito de Alex lo que me hizo incorporarme y subir mi adrenalina a niveles insospechados. Qué susto! No le pillamos de milagro…

Después de esto, el trayecto mejoró y la niebla la fuimos dejando atrás; volvimos a tener estrellas en el cielo, y al final, llegamos a Cracovia.

Eran más de las 2:00 de la madrugada cuando aparcamos el coche. Subimos exhaustos al piso y me desplomé en la cama… no recuerdo más de aquella noche…

Adventure Time: Polonia (III de V)

28 octubre 2014

Nos levantamos muy temprano, la temperatura en el exterior era de unos seis grados centígrados, pero las construcciones y la calefacción eran tan buenas, que parecía que estábamos en plena primavera del sur de España. Me duche rápidamente y sin hacer demasiado ruido para no despertar a Artur; Alex se preparó, desayunamos un té de frutas de bosque con unas galletas, y salimos de la casa.

Nos dirigimos hacia el aeropuerto, pues teníamos reservado un coche; un pequeño KIA Picanto de color ocre con un motor muy pequeño alimentado de gasolina. Llegamos a la hora que nos esperaban, rellenamos la documentación y recogimos el coche.

Arrancamos el automóvil, sintonizamos una emisora de radio muy similar a MáximaFM (emisora donde se puede escuchar lo último en música house en España) y pusimos a punto GoogleMaps a modo de GPS en el Smartphone Android de Alex…y entonces partimos.

Cuando comenzamos a salir de la ciudad el día era muy soleado, la temperatura rondaba los doce grados centígrados y en general el tráfico era fluido. Disfruté mucho viendo un paisaje tan verde, me recordó por un momento a mi viaje a Francia, pero sin duda era diferente, no tuve la suerte de ver animales salvajes y en general las vistas eran preciosas y todo estaba muy cuidado. El firme de las carreteras estaba en buen estado pero muchas de ellas eran pequeñas y tenían que mejorar aún.

Después de un buen rato conduciendo y preparando una entrevista que tenía Alex el siguiente lunes por el camino, llegamos al “Campo de Concentración de Auschwitz”.

Yo no destaco por sé un adicto a la “historia”, pero había oído algo sobre Auschwith antes de pisar aquel infierno en la tierra… Realmente era un pueblo, pero allí se creo un complejo formado por diversos campos de concentración y de exterminio construido por el régimen de la Alemania nazi tras la invasión de Polonia de 1939, al principio de la Segunda Guerra Mundial.

…sólo la entrada daba escalofríos y por un instante mi mente recreó la situación como si estuviera viviendo en aquella insólita fecha mientras Alex me hacía una foto, leyendo el cartel e imaginándome que entraba sabiendo que nunca saldría: Arbeit macht frei … cuya traducción al español es “el trabajo libera” era el mensaje en hierro forjado que cada persona que entró en aquel campo de concentración pudo ver…

Después de aquello cada imagen fue a peor, la ropa que les hacían llevar, tal como los pijamas que usamos en verano y que tenían que usar aunque hiciese -25 grados centígrados; los zapatos, maletas y otros artículos de miles de personas que soñaron en poder escapar de allí; montañas de pelo humano que usaban para tejer mantas; las terribles cámaras donde quemaban… nada, absolutamente nada de lo que vi podía justificar la existencia de aquel lugar que me trasmitió una tristeza como nadie ha conseguido hacerme llegar. Terminamos a las tres horas y regresamos a nuestro KIA Picanto que estaba esperándonos bajo la suave lluvia de Auschwitz.

Comimos algo en el coche tranquilamente, comentamos lo que habíamos visto y regresamos a Cracovia para terminar la tarde paseando y viendo algunos monumentos menores. Al caer la noche cenamos, y nos acostamos pues el próximo día nos esperaba la “Polonia Profunda”.

Adventure Time: Polonia (II de V)

23 octubre 2014

Pasadas las tres horas de vuelo llegamos a Cracovia; el aterrizaje fue muy bien, aunque no era a lo que me tenía acostumbrado RyanAir, pero mejor así.

Recogí mis maletas y pase los controles, y al salir junto a un grupo de personas con carteles y pancartas estaba mi colega Alex, que aunque no tenía un cartel con mi nombre, me hizo mucha ilusión porque no estoy acostumbrado a que me reciba nadie en un aeropuerto.

Saliendo del aeropuerto vimos el típico puestecillo de rosquillas de pan con semillas de amapolas típicas en Polonia; compramos una por sólo dos Zlotych y nos dirigimos al autobús público; adquirimos dos tickets para nuestro viaje y nos pusimos en marcha hacia la estación de autobuses que se encontraba integrada con el centro comercial Galeria Krakowska.

Una vez llegamos a este inmenso complejo de tiendas distribuidas en tres plantas, nos dirigimos a una tienda de “PLAY”, una de las compañías de telefonía donde adquirimos una tarjeta SIM con un número Polaco. Tras la compra en perfecto Polaco (Gracias a Ale) salimos y anduvimos un Kilómetro y medio hasta llegar al piso de Alex; un primero que compartía con Artur, un joven polaco muy amable que dominaba cuatro idiomas y que acaba de terminar ingeniería química, aunque no lo conoceríamos hasta más tarde.

Salimos rápidamente de piso para aprovechar el tiempo, nos dirigimos a comer a un restaurante muy frecuentado una especie de parrillada típica… la cual costo unos cinco euros al cambio y buff… impresionante… Más tarde fuimos a la plaza del Mercado central de Cracovia, donde la construcciones, el colorido de las casas, la correcta armonía de las personas y el clima lo suficiente fresco para dar un paseo agradable me hipnotizaron, pase por Hard Rock (no podía dejarlo atrás!) por mi camiseta y estuvimos paseando por los mercados y calles del centro hasta acabar en el Castillo de Wawel con unas vistas impresionantes del río Vístula.

La noche llegó, y habíamos planteado un quedada en el centro, en House of Beer, un bar muy conocido en pleno centro de la ciudad; allí nos esperarían Artur, los Turcos, Polacos, Alemanes y alguno más, pero como llegamos tarde los chicos ya se habían marchado al siguiente local y Ale y yo nos tomamos una cerveza típica del lugar para más tarde encontrarnos al equipo en otro bar a unos 800 metros.

Finalmente nos reunimos con ellos en un lugar un tanto oscuro nublado por el tabaco, paredes de tonalidades oscuras y símbolos de todas las religiones que conocía; el ambiente era bueno, pero era pequeño y sólo duramos apenas 45 minutos. Para acabar la noche nos llevaron a un club que se parecía a una disco pero donde no había apenas controles en la entrada. El lugar se encontraba también bajo tierra, y las luces y la música house me hicieron recordar a mi ciudad, aunque era mucho más pequeño que cualquier local de los que estaba acostumbrado a visitar… aun así y muy afectado por mi resfriado de dinosaurio, lo pasamos muy bien y nos bebimos otra cerveza, que parecía que era lo único que íbamos a beber fuera de casa.

Poco después regresamos a casa y planificamos el día siguiente, recargamos baterías, baterías externas, cenamos algo rápido y me preparé moralmente para lo que vería el próximo día: El Campo de Concentración de Auschwitz.